Mis aprendizajes 2010

2009 y 2010 fueron años de un terremoto personal y existencial profundo para mí. Las catástrofes que vivió Chile y su gente fueron un espejo de lo que me sucedía interiormente, al igual que a miles de personas. Un tiempo turbulento, donde parte de lo construido y de las seguridades de la vida se vinieron al suelo y donde no hubo demasiado espacio para el lamento del pasado. Tuve que concentrar las fuerzas en ese inestable balance entre sostenerme de pie y comenzar a reconstruir lo de afuera y lo de adentro. Mi naturaleza temperamental me llamaba a la tristeza nostálgica, y mi quehacer en el mundo, mis hijos y mis energizadores interiores me impulsaban a avanzar hacia conquistas desconocidas aunque sentidas. Esa sensación de que se tiene certeza de que hay que avanzar, se intuyen ciertas pistas y se tienen algunas luces de cómo hacerlo, aunque el camino cotidiano sea incierto y no esté reflexivamente bien trazado. Más que mirar lo positivo y lo negativo de este turbulento año...