A Ricardo Toro

Conocí a Ricardo Toro cuando fuimos compañeros de estudios en el Magíster en Dirección de Recursos Humanos de la Adolfo Ibáñez en 2004. Fue poco el tiempo que pudimos compartir pues a mitad de año fue destinado a la misión en Haití. En esa época creo que era coronel. Lo recuerdo como una persona cercana, de inteligencia sutil, con un pensamiento divergente, con un humor agudo, muy simpático y con la capacidad de reirse de si mismo. Sus bromas muchas veces nos hicieron reir a todos. Su modo de ser me sorprendió pues rompió el estereotipo que tenía de un militar de alto rango: serio, parco, rígido y distante. Ese fue un gran aprendizaje, por lo que tuve que desechar ese prejuicio. Desde el momento que supe de la desaparición de su esposa pensé en escribirle, aunque después me di cuenta que estaba en otra y sería irrelevante. Desde mi lugar, fueron días de mucha oración, de una complicidad afectiva a la distancia y de enviarle permanentes energías para que se sostuviera en la incertidumbr...