Las perversiones de la jerarquía

La forma más habitual de organizarnos es la jerarquía, ya sea en la familia, las organizaciones públicas y privadas, las instituciones o casi cualquier sistema humano. Para algunos es una manera obvia e incuestionada de articularnos, pues “siempre ha sido así”. Dado que conocemos los modelos y patrones jerárquicos, los reproducimos. La jerarquía tiene ventajas: entrega orden; establece la estructura; divide el trabajo; nos asigna roles, responsabilidades y funciones específicas que nos permiten entender nuestro lugar en la organización; define las formas de coordinación; permite planificar, organizar, dirigir y controlar el trabajo, los procesos y las personas; facilita los presupuestos y el control de gestión; unifica las decisiones; genera direccionamiento y alineamiento organizacional; mantiene el status quo; y opera bien en contentos predecibles. La jerarquía se consolidó organizacionalmente con la administración científica de Taylor y Fayol, la división extrema...