La automaestría es un castillo de naipes

Cuando construimos un castillo de naipes lo hacemos con delicadeza, con mucho cuidado, poniendo nuestra atención en mantener un buen pulso y cuidando que las cartas anteriores no se muevan. También nos preocupamos de armar el castillo sobre una mesa firme que no se mueva, donde nadie se acerque ni produzca ningún movimiento ni que haya corrientes de aire que nos boten nuestra creación. Sabemos que armar un castillo de naipes necesita atención y máxima concentración. Es un ejercicio que requiere foco, sutileza y precisión, pues al menor error se va todo al suelo. La automaestría es como un castillo de naipes . Igual, exactamente igual. Se trabaja solo, se avanza con delicadeza, máxima atención y pasos lentos pero seguros. Sabemos que es un trabajo propio, guiado por el GPS interior y que es desde adentro hacia afuera. Pongamos la atención en las condiciones externas que favorecen u obstaculizan nuestra automaestría. Tras el principio de que donde está mi atención es lo que dejo ent...